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miércoles, 4 de marzo de 2015

La deflación de ideas...

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Antonio Quero
La austeridad habría sufrido su primera derrota política allí donde más daño ha causado, en Grecia. No solo empezaría a fracasar en las urnas, sino que ya lo ha hecho en el terreno económico. Tras siete años de crisis, podemos comparar empíricamente los resultados de una política económica regida por la austeridad, como en el caso de la zona euro, al borde de la deflación y en riesgo de estagnación (bajo crecimiento y alto desempleo), con los de una expansión fiscal y monetaria, como en Estados Unidos, que ha recuperado tasas de crecimiento pre-crisis y donde el desempleo se acerca a mínimos históricos.

Hay que hacer pues lo contrario de la austeridad, pero ¿en qué consiste la austeridad? Para muchos la respuesta es evidente: la austeridad es la obsesión por reducir el déficit público por encima de cualquier otro objetivo. Sin embargo, en ese caso, ¿cómo se explica el gráfico 1 que muestra un paralelismo casi perfecto en los últimos siete años entre las cuentas públicas españolas, víctimas de la austeridad, y las estadounidenses, paradigma de expansión fiscal? 
No, la austeridad entendida como reducción del déficit público a toda costa es una visión demasiado simple que conduce a pensar que lo contrario de la austeridad es gastar y ofrece una excusa para no afrontar la complejidad de la situación. La cicuta de la zona euro es el esfuerzo simultáneo, voluntario o impuesto, de Estados, familias, empresas y bancos por reducir su endeudamiento a base de no gastar, no consumir, no invertir y no prestar. Se trata de un desafío intelectual, económico y político mucho mayor que la simple relajación de la presión sobre el déficit público.

Tienen razón técnicamente los que defienden que los países acreedores inviertan más, gracias a su margen presupuestario y a la emisión de eurobonos, pero políticamente es irrealista a corto y medio plazo. Cierto es que sin dinero, y sin ayuda de quienes lo tienen, es virtualmente imposible una salida neo-keynesiana de la crisis, por lo que solo quedaría la vía de la devaluación y de la purga de excesos, en sentido económico y moral. Salvo que se realice un esfuerzo de creatividad a la altura de las circunstancias.

Más allá de la reestructuración de la deuda, Syriza ha desarrollado propuestas económicas innovadoras para revertir el desapalancamiento simultáneo antes descrito, inspiradas en escuelas de pensamiento heterodoxas pero de reconocida valía intelectual. Intentaré resumir algunos ejemplos poniendo de relieve el planteamiento similar que debemos hacer en España aunque las soluciones sean distintas.

Con las tasas de desempleo que sufren España y Grecia, la necesidad de plantear programas de creación directa de empleo es un imperativo moral. Syriza ha diseñado un programa ambicioso de empleo; no es el caso, paradójicamente, de la izquierda española, que ha esbozado algunos planes contra la pobreza pero carece de propuestas concretas en cuanto a creación de empleo. Sirva de prueba un artículo reciente en infoLibre comparando las propuestas económicas del PSOE, Podemos e IU. El periodista las reagrupó en cinco secciones: deuda, reforma fiscal, banca pública, mercado laboral y vivienda. Nada sobre creación de empleo. ¿Un olvido del periodista? No, un vacío programático clamoroso.

Syriza apela a las ideas de Hyman Minsky, hoy rehabilitado como uno de los mayores teóricos de la inestabilidad financiera pero que también desarrolló propuestas menos conocidas sobre el papel del Estado como “empleador de última instancia”, que no consiste en contratar funcionarios en épocas recesivas sino en un papel activo del Estado de generación directa de empleo. Las propuestas de Minsky, desarrolladas en los años sesenta y setenta, venían a teorizar el programa de empleo que impulsó el New Deal de Roosevelt y a completar las ideas keynesianas de sostenimiento de la demanda agregada con gasto público en los periodos bajos del ciclo económico.

Con 1,2 millones de griegos en paro, Syriza aspira a crear 300.000 empleos directos siguiendo la propuesta de Rania Antonopoulos, la nueva secretaria de Estado de Empleo y Solidaridad Social (Responding to the unemployment challenge: a job guarantee proposal for Greece). En el mismo sentido, desde 2012 vengo defendiendo para España planes innovadores de creación de empleo, cuantificados en objetivos y financiación y contrastados con una capacidad administrativa de ejecución. Son propuestas que no pretenden ser perfectas pero que sí aspiran a provocar una tormenta de ideas al respecto que abra vías hoy inexploradas.

También ha entendido Syriza que el peso de la deuda hipotecaria sobre las familias merma su renta disponible y lastra el consumo. En España, PSOE y Podemos han avanzado propuestas que el FMI venía propugnando anteriormente relativas a la reestructuración de deuda de familias insolventes. Solo que aquí la medida es un paliativo social sin efecto macroeconómico, mientras que Syriza generaliza una subvención a todas las familias hipotecadas con ingresos modestos para asumir parte de su hipoteca. El mismo efecto macroeconómico sobre la demanda buscan las propuestas que vengo avanzando de rebaja temporal de las hipotecas al 20% de los ingresos de más de cinco millones de hogares hipotecados, según un dispositivo que no requiere financiación pública y no pone en riesgo a los bancos.

El talón de Aquiles de este tipo de propuestas suele ser cómo financiarlas. Syriza ha elaborado un catálogo de fuentes de financiación absolutamente pertinentes, aunque muchas de ellas requieren la colaboración del BCE, del BEI o del MEDE, lo cual queda en estos momentos bastante alejado de la realidad. Pero entre ellas hay una que depende solo del Gobierno griego y que resulta tremendamente inteligente en el contexto actual: la emisión de bonos perpetuos (sin fecha de vencimiento y, por lo tanto, no computan como deuda) de cupón cero (no pagan intereses hasta el final) respaldados por futuros ingresos fiscales y emitidos por el banco central griego.

El valor instrumental de esta propuesta es que no solo aporta financiación en condiciones óptimas al Estado sino que puede, llegado el caso de un desacuerdo con la UE que impediría al BCE seguir financiando activos griegos y abocaría a Grecia a salir del euro salvo que dispusiera de un medio de pago paralelo, servir de moneda paralela que permita las transacciones nacionales y preserve las reservas de euros para afrontar obligaciones internacionales.

Innovaciones monetarias y financieras de este tipo son indispensables para no depender del escaso y tutelado margen de maniobra del BCE o de los imprevisibles mercados. Un mismo efecto de recuperación de soberanía financiera tiene la propuesta de reforma bancaria de separación de las actividades de crédito y depósitos y creación de un Banco Ciudadano de Depósitos que desarrollo en La reforma progresista del sistema financiero (Catarata, 2014).

Es una vía para someter la creación y circulación de dinero al interés general, en vez de dejarlo en manos del interés particular de los bancos como hasta ahora, y permitir una fuente de financiación estable del Estado dentro de un marco riguroso. Incluso sin aplicar esta reforma en su totalidad, su planteamiento y debate puede facilitar el diseño de mecanismos de financiación que posibiliten los programas públicos necesarios en España para salir de la crisis.

La profundidad y complejidad de la crisis ha generado a escala internacional una efervescencia creativa por parte de economistas de indiscutible solidez académica que la política no está sabiendo traducir en programas de acción concretos. Syriza, obligada por las circunstancias, es hasta ahora el intento más avanzado en este sentido. Por desgracia, Grecia está en una posición débil de dependencia financiera del exterior y su futuro no está del todo en sus manos. No es el caso de España, que dispone de mayor autonomía y riqueza para ensayar, dentro del euro, soluciones alternativas al dictado del eje Berlín-Francfort-Bruselas.

Tiene razón Ignacio Urquizu cuando afirma que la socialdemocracia ha decepcionado porque no ha sido creativa ni audaz para combatir la crisis. Tanto como una conferencia de deuda, lo que Europa y la socialdemocracia necesitan es una conferencia de ideas, esperando que PSOE y Podemos realicen un esfuerzo similar o mayor al que ha hecho Syriza en la búsqueda de soluciones.
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Antonio Quero es autor de "La reforma progresista del sistema financiero" (Catarata, 2014)

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